Pbro. Lic. Wílberth Enrique Aké Méndez

Hemos llegado a la parte medular de las catequesis Kerigmáticas escuchadas los domingos anteriores, en el sentido de que la acción anunciada y explicada del Espíritu Santo, comienza a tomar una forma cada vez más eclesial que pone de manifiesto a los judíos confundidos, lo esencial que es la unidad y la comunión de la Iglesia, que es de origen apostólico, puesto que nace a parir de la predicación de los apóstoles. Hoy encontramos la actividad Pneumática encarnada, primero en un apóstol concreto, para pasar enseguida a la acción de esta segunda Persona de la Santísima Trinidad, en la comunidad de los discípulos presidida por los Apóstoles (cfr. Hch 1,12-15; 2,1-4. 42-47; 4,32-35 ). 1.- San Pablo constituye un buen ejemplo apostólico del Encuentro/Conversión que transforma a la persona que se deja tomar por el Señor y obedece a su Espíritu (cfr. Jn 1,35-41; Hch 2,33; 5,32). En el caso del Apóstol de los gentiles podemos rastrear este proceso: a).- Ver. La primera noticia que Bernabé da a los apóstoles sobre Pablo, es que “había visto al Señor en el camino”. Ver, como recordaremos, significa percibir algo con los ojos mediante la acción de la luz y, en este caso, Pablo había perdido la visión y sólo le quedaba la acción de la luz, de modo que hemos de situarnos ante una especie de iluminación interior, de una experiencia que va más allá de las fronteras de lo humano (cfr. Mt 16,17) y que exigía, por su propia naturaleza, de una asimilación paulatina, pero eficaz. Esta experiencia ocurre en el “camino”, o sea, mediante un itinerario pedagógico como en el discurso que encontramos en Hch 10,37-43 y que encuentra su paralelo en Hch 2,22-36. b).- Hablar, es decir, la explicación de Lc 24,25-27 se repite en Saulo de Tarso tras la pregunta ¿por qué me persigues” (cfr. Hch 9,4b-6), lo que le pasó a los discípulos de Emaús le ocurre ahora a Pablo; en un segundo momento, el Resucitado le sigue hablando al discípulo de Gamaliel (cfr. Hch 22,3) en el seno de la comunidad (cfr. Hch 9,10-19; Jn 6, 26-69); al igual que Cleofás y compañero lo reconocieron en la fracción del pan y comprendieron las Escrituras (cfr. Lc 24,30-32), Pablo abre el corazón al Misterio que ha salido a su encuentro y ha pronunciado su nombre. c).- Predicar. Finalizado el camino, san Pablo comenzó a contar su propia experiencia, anunciando la obra que el Señor había realizado en él y cómo lo había rescatado del yugo de la ley (cfr. Hch 22,3-21; Flp 3,4-14; Gál 1,11-25) para ser ahora el pregonero de la Buena Nueva. 2.- La Comunidad. Paulatinamente los discípulos han ido dejando atrás el temor (cfr. Jn 20,19) en la medida que fueron comprendiendo la nueva presencia del Señor resucitado en medio de ellos (Mt 18,19-20; Jn 14,15-17.26; 16,7.13-15;17) para recibir el primer don del Resucitado, la paz (cfr. Jn 20,19). a).- Consolidar. Así comienza ahora una nueva etapa para los discípulos, pues la persecusión desatada el mismo día del martirio de Esteban, los llevó a la aparente dispersión, pero poco después comprendieron que era el inicio del ejercicio del mandato del Señor “vayan por todo el mundo…” de Mt 28,19-20; Mc 16,15-18 (cfr. Hch 8,1. 4). Crecieron en número de creyentes y de comunidades. b).- Progresar. Se trataba no solamente de aumentar en números -cosa que al fin y al cabo son sólo estadísticas- sino sobre todo de crecer en la vida de la gracia, ya que este es el único camino para responder al Señor. Se trata crecer en calidad, de vivir conforme a las enseñanzas del Maestro y recibida de los Apóstoles (cfr. Rm 6. 8), de vivir en el mundo, sin ser del mundo (cfr. Jn 15,18-19; 17,11.14-16; 1Jn 2,15-17). c).- Multiplicar. Una vez fortalecidos y con una identidad ya propia, las jóvenes comunidades fueron convirtiéndose en madres, ya que mediante la misión comienza la expansión/multiplicación con la actividad misionera (cfr. Hch 11,19-30; 13,1-3 ).

II.- PERMANEZCAN EN MÍ (Jn 15,1-8). Nos encontramos en la sección de los conocidos “discursos de despedida” del Evangelio según san Juan, que va de los capítulo del 13 al 17; los dos primeros se caracterizan por ubicarse en el contexto de la última cena y lavatorio de los pies, en tanto que los cc. 15 al 17 forman un conjunto en el que encontramos en repetidas ocasiones la palabra “alegría”, el ambiente y el ánimo que se perciben son de otro orden y reflejan el “secreto” de la vida de Jesús. El texto que hoy abordamos está centrado en el binomio que expresa las únicas dos opciones ante la persona de Jesús, el enviado del Padre; la figura utilizada para esta catequesis es totalmente campirana, específicamente, vinícola: hay muchas vides, pero sólo una es la verdadera, hay dos tipos de sarmientos o ramas, los que no dan frutos en la vid verdadera y los que sí producen frutos en esta vid, estos últimos van aparejados con la acción de podar, que significa quitar lo innecesario, lo negativo y esto implica despojarse, desprenderse de algo y justamente esto es lo que permite llegar al núcleo de la catequesis: producir frutos para permanecer (mantenerse, quedarse) unidos al Señor. Este verbo -permanecer- aparece siete veces en tan sólo ocho versículos y, aunque no lo menciona explícitamente, su elemento opuesto es “abandonar”, tentación a la que también se enfrentarán los discípulos: quedarse, permanecer con el Maestro o abandonarlo (cfr. Jn 6,67-68). De algún modo, encontramos aquí una reminiscencia de la doctrina de los dos caminos de Dt 30,15-20 que nos enseña que la fuente de la vida consiste en amar a Yahvé, escuchar su voz y vivir unido a Él. Así, la Palabra juega un papel muy importante en la vida del bautizado, ya que justamente es a través de de ella que se puede permanecer, en la medida que se cumpla o se ponga en práctica. La permanencia hace posible dar gloria a Dios, misma que consiste en dar mucho fruto para manifestarse como discípulos del Señor.

III.- HACEMOS LO QUE LE AGRADA (1Jn 3,18-24). Bajo la consigna de vivir como hijos de Dios y de cumplir los mandamientos, especialmente el del Amor, san Juan insiste en la autenticidad de este ejercicio mediante la verdad y las obras, que no son meras apariencias ni un simple requisito. Esta actitud nos da la certeza de que somos de la Verdad y de que permanecemos en Dios, porque creemos en Jesucristo y nos amamos los unos a los otros. ACTIVIDAD : 1.- ¿Qué actitudes manifiestan que actúas movido por el Espíritu Santo?; 2.- ¿Qué haces para quitar lo negativo, lo innecesario en tu vida de fe?; 3.- ¿Cuáles son los signos y los frutos concretos de que haces lo que agrada a Dios? MEMORIZA : “Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo y que nos amemos unos a otros según el mandamiento que nos dio” (1Jn 3,23). Pbro. Lic. Wílberth Enrique Aké Méndez. REFLEXIONA : “Examinen qué es lo que agrada al Señor y no participen en las obras infructuosas de las tinieblas, antes bien, denúncienlas” (Ef 5,11).

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