Pbro. Wílberth Enrique Aké Méndez

XXXI ORDINARIO/A.

I.- DAR GLORIA A MI NOMBRE (Ml 1,14-2,2.8-10).

Como trasfondo de este pasaje encontramos la reafirmación de la doctrina del Amor de Yahvé a Israel y que se ha manifestado de manera especial en la predilección hacia Jacob; nuestro texto toca hoy principalmente dos temas que tienen que ver con la relación de Yahvé y su pueblo; 1.- por un lado está el pecado de los sacerdotes levitas que olvidaron lo esencial de su ministerio: dar gloria al Nombre de Yahvé, un Nombre que es reconocido y admirado entre todas las naciones, desde oriente hasta occidente el Nombre de Dios es grande entre las naciones y en todo lugar se ofrecen a su Nombre sacrificios puros, menos en Israel. El reproche a los levitas es que han dejado de escuchar a Dios (cfr. Mi 6,1-8) y eso trae como consecuencia que hayan manchado el altar del Señor presentando sacrificios impuros (cfr. 1,8), olvidando, así, que es el mensajero de Dios y que el pueblo espera de su boca la ley, que se han extraviado del camino, han hecho tropezar a muchos (cfr. Mt 23,13) y han anulado la alianza con Leví, la tribu sacerdotal y, también, han aplicado la ley con parcialidad. 2.- Por otro lado, el pueblo ha quebrantado la alianza y los mandatos de su Dios (cfr. Gn 28,1; Nm 33,52) y, en cambio, la raza santa se ha mezclado con la gente del país, con lo que no se apartaron de las abominaciones de la gente del país al casarse con mujeres paganas (Esd 9,1-2); el pueblo escogido por Dios, nación santa, pueblo sacerdotal, olvida su identidad y prefiere ser como los otros pueblos (cfr. 1S 8,5-6). El profeta reprocha en ambos segmentos del pueblo el haber olvidado la fraternidad, el omitir que todos tenemos un mismo Padre y desconocer que nos ha creado el mismo y único Dios; esto nos lleva a adoptar esas actitudes que lastiman y destruyen, que dividen y nos hacen enemigos, que nos llevan a mentir, a callar y ocultar la verdad y a ignorarnos mutuamente .

II.- Y TODOS USTEDES SON HERMANOS (Mt 23,1-12).

Los fariseos y los maestros de la ley continúan con sus diatribas -Discurso escrito y oral en el que se injuria o censura a alguien o algo. Injuria o censura contra alguien o algo- contra Jesús, en su incesante intento de tenderle una trampa y así tener elementos para acusarlo; en Mt 22,41-46 Jesús les hace una pregunta sobre la filiación del Mesías, para saber su opinión, pero todos ellos guardaron silencio como si realmente desconocieran las Escrituras; por esta actitud, el Maestro comienza una catequesis para alertar a los seguidores: todos deben tener claro que los discípulos del Mesías que viven con autenticidad su fe, tienen a Dios como único Padre y a Cristo como su único Maestro. Como seguramente recordaremos, Moisés es el dador de la ley, el legislador de Israel por excelencia (cfr. Dt 31,9;4,45; Jn 1,17), él fue quien enseñó e insistió al pueblo sobre la necesidad de vivir la ley, de serle fiel, con la obligación de enseñarla a los hijos y a toda la descendencia (cfr. Dt 4,1-9; 5,1-2; 6, 1-19), pero en los tiempos del Mesías eran los escribas y fariseos quienes se habían apropiado del lugar -la cátedra- y de la función que correspondían solamente a Moisés, pero con la diferencia entre el decir y el hacer; con todo, la insistencia de Jesús se centra en la enseñanza que de ellos proviene, ya que son los que conocen y los que pueden dar a conocer la ley. Como hemos visto, la insistencia del Deuteronomio es la obediencia a la ley y es exactamente en lo que Jesús se detiene: la ley necesita de la obediencia de cada discípulo (cfr. v. 3); Adán y Eva desobedecieron a Dios (Gn 3) y esto trajo como consecuencia la muerte, la pérdida de la gracia y la necesidad de escondernos de la presencia de Dios (cfr. Gn 3,8; 4,14) y, en cambio, lo que Jesús pide es la obediencia a la Palabra (cfr. Mt 21,28-32) ya que justamente es Palabra de salvación y vida eterna, nos da el perdón de nuestros pecados (cfr. Jn 4,34; 6,68-69; Rm 5,19; Flp 2,6-11). Escribas y fariseos se distinguían porque hacían las cosas “para que la gente los vea” con lo que se manifiesta que la relación con Dios ha pasado a ser algo totalmente secundario, mientras que la búsqueda de la fama y el poder ha ocupado el centro de su vida, su práctica religiosa se ha convertido en algo superficial, en algo meramente externo, en pura apariencia. Jesús, en cambio, insiste en la nueva realidad de la persona: Dios es el Padre de todos (v. 9) y, en consecuencia, todos nosotros somos hermanos (v. 8; cfr. Mt 6,5-15) y como tales hemos de vivir, siendo servidores de los demás (cfr. Mt 20,24-28).

III.- SIGUE ACTUANDO EN USTEDES (1Ts 2,7-9.13).

La carta a los hebreos afirma que la Palabra es viva y eficaz (cfr. Hb 4,12), por lo tanto, es una Palabra viva, actual y que continúa actuando en los creyentes, como fruto de la predicación apostólica, que transforma la vida y las relaciones de los miembros de esta joven comunidad que expresa -mediante sus obras- el amor a Dios y al hermano. ACTIVIDAD : 1.- ¿De qué modo manifiestas que Dios es el Señor de tu vida?; 2.- describe cómo la obediencia te lleva a vivir la fraternidad; 3.- ¿cuáles son los frutos de la Palabra que actúa en tu vida? MEMORIZA : “Ustedes, en cambio, no se dejen llamar maestros, porque uno solo es su Maestro y ustedes son todos hermanos” (Mt 23,8).

Pbro. .Lic. Wílberth Enrique Aké Méndez

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