Pbro. Lic. Wílberth Enrique Aké Méndez

XXVI ORDINARIO/B. I.- Y HABLÓ CON MOISÉS (Nm 11,25-29). La escena que hoy presenta el libro de Números ocurre en el desierto, cuando Israel comienza a dar sus primeros pasos como joven nación y cuya nota característica es la santidad. Le antecede una serie de revueltas y lamentos con el clásico tema de los manjares comidos en Egipto, contra el maná que Yahvé da a su pueblo; como respuesta Dios ha dado al pueblo lo que querían, alimento, pero ahora desprecian la comida que su Dios les da, cosa que suscita el anuncio de una acción que, al final de cuentas, se convertirá en una lección para este pueblo. El texto arranca con una teofanía en nada parecida a la del Sinaí (Ex 20,1-21), simplemente es una dulce expresión “el Señor descendió en la nube”; vino al encuentro de Israel, le deja ver su gloria; luego prosigue “y habló con Moisés” (cfr. Ex 3,1-20), cosa que se describe magistralmente en Ex 12,6-8, con Moisés Dios habla boca a boca, abiertamente y no en enigmas. Enseguida los setenta ancianos quedaron llenos del espíritu que reposaba en Moisés y comenzaron a profetizar, incluyendo a Eldad y Medad que se habían quedado en el campamento. Moisés ayuda a entender que la obra de Dios es para todo el pueblo elegido y que no debemos oponernos a la voluntad de Dios.

II.- EN TU NOMBRE (Mc 9,38-43.45.47-48). Nos encontramos con otra de las tentaciones para la comunidad, luego que Jesús hiciera el segundo anuncio de la Pasión; el domingo anterior el asunto era sobre quién asumiría el poder y hoy tenemos el tema de la pertenencia. Recordemos que se distinguen tres grupos en torno a Jesús: un primer grupo lo constituyen los que lo buscaban por los milagros realizados y que el mismo Señor lo dice en Jn 6,26; otro grupo lo formaban los llamados discípulos, aquellos que, habiendo escuchado la doctrina de Jesús, la habían aceptado y lo seguían para conocer más y estar con el Maestro. El tercer grupo, a diferencia de los dos anteriores, nace y se forma con aquellos a quienes Jesús llamó de entre los discípulos y se llamaban Apóstoles (enviados) y luego fue conocido familiarmente como el “grupo de los Doce”, o simplemente “los Doce”. Es el grupo más cercano a Jesús y que le acompaña siempre, les explica en privado las parábolas, etc.; pues bien, Juan se ubica en este grupo selecto, de los que fueron llamados personalmente y, tal vez, por eso se piense que si no forma parte de la élite, no se puede o debe actuar en nombre del Señor, lo que sí hay que evitar o impedir, es que el pecado se adueñe de nuestra vida y dejar actuar al Espíritu de Dios.

III.- HAN ATESORADO (St 5,1-6). En el capítulo 4, Santiago ha escrito contra las discordias y diversos pecados que podríamos cometer si nos hacemos amigos del mundo y concluye afirmando que “Aquel, pues, que sabe hacer el bien y no lo hace, comete pecado (4,17). De modo que a la luz de esto entendemos que no sólo los ricos, sino que todos estamos expuestos al mal y todos estamos llamados a la santidad.

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