Pbro. Lic. Wílberth Enrique Aké Méndez

XIII ORDINARIO/B. I.-

TODO LO CREÓ PARA QUE SUBSISTIERA (Sb 1,13-15; 2,23-24).

El libro de la Sabiduría abre sus páginas con una singular invitación: buscar a Dios y huir del pecado (c. 1), para enseguida presentarnos en el c. 2, el concepto o sentido fatalista y, en cierto sentido, también relativista de la vida que tenían los impíos; la única certeza que ellos tienen es que todos vamos a morir y no quedará nada de cada uno, así que entonces ellos llaman a vivir la vida de una manera desenfrenada, a disfrutar de sus placeres, olvidando la justicia y la finalidad del hombre. Frente a esta corriente de pensamiento, en cambio, se yergue majestuosa la doctrina de la creación; todo cuanto existe es obra de Dios, menos el pecado y sus consecuencias; Dios, que es el Sumo Bien, hizo todo bueno, porque toda la creación participa de su bondad, Él “es” (cfr. Ex 3,14) y creó a las criaturas para que “sean”, para que participen del ser de Dios y, así, tengan una existencia real, consistente y duradera. Y si esto hizo por las cosas, con el hombre va mucho más allá al encumbrarlo sobre todo lo creado, pues lo hizo a su imagen y semejanza (cfr. Gn 1,26-27); lo hizo para la inmortalidad y es justamente esto lo que no logran comprender los impíos, no logran entender que el hombre fue hecho para vivir en alianza con Dios, para estar en eterno diálogo con su Creador. Por lo tanto, la muerte es introducida por el diablo, por su envidia; se trata de la muerte espiritual cuya consecuencia es la muerte física y a este precipicio pretende el diablo conducir a la humanidad que desobedeció y se alejó de Dios, porque dejó de creer en su Amor y en su fidelidad.

II.- NO TEMAS, BASTA QUE TENGAS FE (Mc 5, 21-43).

El c. 5 de san Marcos contiene dos relatos de milagros: en el primero sitúa a Jesús en la región de los gerasenos o gadarenos (recordemos que el domingo anterior Jesús atravesó el lago en dirección a Gerasa y calmó la tempestad), donde liberó a un hombre endemoniado (vv. 1-20); el segundo relato muestra a Jesús nuevamente en Galilea, en la orilla del lago, rodeado de mucha gente. En esta segunda narración, encontramos dos historias concatenadas. El primer milagro comienza con la aparición en escena de Jairo -jefe de la sinagoga- para suplicarle por su hija que está a punto de morir; su petición es clara: que le imponga las manos para que se salve y viva. Jesús acepta y marcha con él (v. 24a). El Evangelista introduce gradualmente una curación con la afirmación del v. 24b: “le seguía un gran gentío que le oprimía”. De esta muchedumbre emerge una figura que es capaz de romper los paradigmas de la época, una mujer enferma que se había puesto en manos de médicos por mucho tiempo y solamente había empeorado. Pero ahora se acerca a Jesús, primero por lo que había escuchado acerca de Él y, en segundo lugar, porque tenía la certeza de que solamente debía tocarlo para salvarse, es decir, ella buscaba la salvación pero lo había hecho donde no la había, ahora se dirige a la única persona que podía salvarla. Ambos -ella y el Señor Jesús- sintieron algo: Él percibió que alguien había sido tocada por la gracia, “una fuerza curativa salió de Él” y ella, a su vez, sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal. La pregunta y la mirada de Jesús, tienen como objetivo que la persona destinataria del milagro, tomara conciencia de esto, de que su fe en Jesús la ha salvado y curado y por esto se acerca y postra ante el Señor de la misericordia, para escuchar la sentencia: “Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad” (v. 34). Hay una doble acción, Jesús sana y salva, atiende integralmente a la persona para restablecerle su dignidad. Cerrado este relato, en el v. 35 se retoma el caso de Jairo pero ahora con una triste noticia para él, “tu hija ha muerto; ¿para qué molestar ya al Maestro?”. Para los sirvientes ya todo había llegado a su fin, pero para Jesús no y prácticamente le dice al jefe de la sinagoga lo mismo que a la mujer recién curada: “No temas; sólamente ten fe” (v. 36). Al entrar a la casa, pide privacidad, silencio, recogimiento, contemplación, porque el Dios de la vida va a pronunciar la Palabra, Dios va a hablar y el hombre debe escuchar para obedecer: “Muchacha, a ti te digo, levántate” (v. 41). La pregunta de Mc 1,27 y 4,41 empieza a tener respuesta: el Dios Creador y Señor de la creación, tiene poder sobre ella y también puede liberar al hombre del mal, la enfermedad y la muerte.

III.- DISTÍNGANSE TAMBIÉN AHORA POR SU GENEROSIDAD (2Co 8,7.9.13-15).

En el contexto de la colecta a favor de la Iglesia de Jerusalén, san Pablo habla de la generosidad de la Iglesia de Macedonia, tomando como referencia la generosidad de Jesucristo (cfr. Flp 2,6-7) e invita a la Iglesia de Corinto -que destaca en la fe, palabra, sabiduría, diligencia y en amor a los misioneros- a distinguirse también por su generosidad para que haya un justo medio o medida justa entre todas las comunidades. ACTIVIDAD : 1.- ¿Cómo vives tu alianza con Dios?; 2.- ¿Con qué actitudes recibes la salvación y la vida que Jesús te da?; 3.- ¿Con qué frecuencia ejercitas la generosidad? MEMORIZA : “No temas; sólamente ten fe” (Mc 5,36b). Pbro. Lic. Wílberth Enrique Aké Méndez. REFLEXIONA : “En el plano internacional, todas las naciones e instituciones deben obrar con solidaridad y subsidiaridad, a fin de eliminar, o al menos reducir, la miseria, la desigualdad de los recursos y de los medios económicos, las injusticias económicas y sociales, la explotación de las personas, la acumulación de las deudas de los países pobres y los mecanismos perversos que obstaculizan el desarrollo de los países menos desarrollados” (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 518).

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