Palabras de Victoria, un mensaje al corazón

El coraje no es tener la fortaleza de seguir adelante; es seguir adelante cuando no tienes la fuerza (Theodore Roosevelt)

¿PERSISTIR O RENUNCIAR?
Todos, en diversas ocasiones en la vida, nos hacemos la interrogante: ¿Debo persistir o renunciar? Es decir, cuestionamos cuándo vale la pena persistir en algo o cuándo es el momento de renunciar a ello.

Y es que por un lado están los que son proclives a renunciar con suma facilidad, y por el otro aquellos que persisten en lograr lo deseado al punto de convertirlo en obstinación.
¿Cómo saber si uno debe persistir o si debe renunciar? La tendencia normal pareciera ser “persistir”. ¿No es cierto?, pues solemos pensar que “renunciar” sólo debiera ocurrir bajo circunstancias de extrema adversidad. Pero veamos qué nos dice la Biblia a este respecto.

La lectura bíblica en el libro de Jueces, nos señala que “Gedeón y sus trescientos hombres, agotados pero persistiendo en la persecución, llegaron al Jordán y lo cruzaron”. Jueces 8:4.
Este versículo tiene que ver con lograr metas trazadas, con alcanzar una visión propuesta, con cumplir con aquello que la vida requiere y ante lo cual es definitivamente necesario persistir.

El contexto del versículo nos muestra a estos héroes bíblicos de la antigüedad, con una increíble capacidad de persistencia, ya que pese al agotamiento por la persecución a sus enemigos, Gedeón y sus soldados lograron llegar al Jordán y cruzarlo para continuar persiguiendo a los madianitas.

Sirva este pasaje de las escrituras para potenciar nuestro ánimo en cuanto a la necesidad de persistir.

Vimos entonces que ante la adversidad lo ideal debiera ser persistir, no claudicar, no cerrar de entrada el capítulo; y persistir en ello lo suficiente.

Esto nos lleva a preguntarnos: ¿Cuándo persistir? ¿Qué marcas y señas debemos encontrar en nuestro camino que nos indiquen con claridad lo necesario que es que persistamos?
Trabajemos dando respuesta a estas interrogantes.

Cuando todavía hay esperanza.
Hay quienes tienen el sol de la esperanza puesto en su horizonte, y aun así ya están listos a claudicar.

Y no debe ser así, mientras haya esperanza —trátese de un matrimonio en dificultad, una economía sumamente frágil, metas que nos establecemos en la vida, o superar una condición de enfermedad— uno debe persistir y seguir adelante.

Con relación a la enfermedad, algunas personas me preguntan: ¿Cuándo vale la pena ya no seguir orando con fe por la salud del enfermo? ¿Cuándo vale la pena decir con fe: “Ya, Señor, llévatelo” o “Señor, ¿haz tu voluntad”? Bueno, yo les digo que la fe debe ser hasta el último minuto.

De ahí mi consejo: Tú debes estar orando en términos de fe mientras haya un leve hálito de esperanza.

Pues mientras haya esperanza, hay que seguir pidiendo, buscando, llamando…

Jesucristo dijo: “Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá.” (Mateo 7:7).

Lo que yo capto de la esencia de la Biblia —resumido en este versículo— es que uno debe persistir, mientras haya un rayo de esperanza.

Así que, si tú estás en una situación sumamente adversa o de conflicto, pero todavía hay esperanza… No claudiques, ¡sigue persistiendo!

Hay veces cuando la gente a tu alrededor puede romper tu corazón, al echar por tierra tus mejores sueños e ideales. Pero si todavía ves en el horizonte la posibilidad de alcanzar tu meta trazada, no importa cuánto te haya tocado sufrir, cuántas veces hayas fracasado o qué tanto otros hayan hecho pedazos tus sueños, tú tienes que levantarte y continuar persistiendo.
Pienso en aquella porción de la Biblia, donde el profeta Elías manda a su criado y le dice: “Ve y mira hacia el mar…” Siete veces lo mandó y el criado siempre volvía con la misma respuesta:

“No se ve nada”. Pero a fuerza de insistir, el profeta le fue indicando a su criado que había algo en el horizonte que siempre había estado allí y él no lo había notado.
Al final el criado vino con este reporte: “Desde el mar viene subiendo una nube.

Es tan pequeña como una mano”.

(2 Reyes 19:43-44)
A veces nos sucede así: La pequeña nube de nuestras posibilidades ha estado allí todo el tiempo, pero no la hemos advertido o no le hemos dado importancia por considerarla muy pequeña.

Por eso, si tu meta se ve aún en el horizonte, aunque la veas muy pequeña y distante —y hasta hayas perdido las esperanzas de poder alcanzarla—, ¡persiste! Cree que todavía es posible alcanzarla.
Con amor Víctor Arias.

No hay glorias ni victorias sin adversidades en tu historia.

(*) Víctor Arias oriundo de esta ciudad de Coatzacoalcos, Veracruz actualmente es pastor principal de la Iglesia Restauración en Palenque Chiapas, ubicada en Calle Reyes Heroles y Joaquín Miguel Gutiérrez, colonia Nandiume, Periférico Sur, donde ministra junto a su esposa la pastora Malena Flores de Arias, desde hace 5 años. Han servido y ministrado en el Centro De Adoración Tabernáculo de Dios que dirige la Pastora Guadalupe Ruiz de Arias, en Coatzacoalcos, Veracruz.

Página de Facebook: Iglesia Restauración Palenque.
¡Busca a Dios ahora que puede ser hallado!

 

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