“LOS QUE CONFÍAN” EN EL SEÑOR

LOS QUE CONFÍAN EN EL SEÑOR SON COMO EL MONTE SIÓN, QUE NO SE MUEVE, SINO QUE PERMANECE PARA SIEMPRE. SALMO 125:1

Es el cimiento de la confianza de su pueblo. Así pues, el confiar en el SEÑOR es la naturaleza esencial y la propiedad más especial de la fe. Cuando ÉL ve a uno que es conforme a su propia naturaleza, esto es, que cree hallar ayuda en el peligro, riquezas en la pobreza, justicia en el pecado, y esto sólo por la misericordia de Dios en Cristo, a éste Dios no puede rechazar ni abandonar.

No te desalientes por muy oprimido y sitiado que puedas estar. El alma que se desalienta no puede hacer nada. No puede resistir la astucia del enemigo cuando se encuentra en tal estado, ni puede prevalecer rogando por otros. Huye de este mortal enemigo como huirías de una víbora, y no tardes en volverle la espalda a no ser que quieras morder el polvo de una derrota desastrosa.

Busca las promesas de Dios y dilo en voz alta de cada una de ellas: “Esta promesa es mía.” Si aún experimentas un cierto sentimiento de duda y desaliento, derrama tu corazón delante de Dios y pídele que reprenda al adversario que te está haciendo sufrir tan despiadadamente. En el mismo instante en que te desprendas de todo síntoma de desconfianza y desaliento, el bendito Espíritu Santo vivificará tu fe y alentará tu alma con fortaleza divina. Al principio no te darás cuenta de esto, pero una vez que te propongas a “rechazar” resueltamente cualquier tendencia de duda y abatimiento que te asalte, entonces reconocerás que el poder de las tinieblas va decayendo.

Todos los atributos maravillosos de la Divinidad están de parte del creyente debilitado, que en el nombre de Cristo y con una confianza sencilla semejante a la de un niño, se entrega a Dios y acude a ÉL implorando su ayuda y su guía. La verdadera fe que una persona posee, es la que demuestra en tiempos de tribulación.

“SON COMO EL MONTE DE SIÓN”. Algunas personas son como la arena, siempre moviéndose y traidora (Mateo 7:26). Algunos como el mar, inquietos y cambiantes (Isaías 57:20; Santiago 1:6). Algunos como el viento, inciertos e inconstantes (Efesios 4:14, Santiago 1:6). Pero los verdaderos creyentes son como un monte, fuertes, estables, seguros. A toda alma que confía el SEÑOR le dice: Bendito es el hombre que confía en el SEÑOR, cuya confianza es el SEÑOR. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto. Jeremías 17:7-8

“Cuando Dios está en medio de un reino o ciudad, para que no pueda ser cambiada, Él la hace tan firme como el Monte de Sión, que no se mueve, sino que permanece para siempre. Salmo 125:1 Cuando ÉL SEÑOR mora en un alma, aunque todas las calamidades se arrojen sobre ella y rujan como las olas del mar, no obstante hay una calma interior y constante, y una paz que el mundo no puede dar ni quitar ¿Qué es lo que hace al incrédulo temblar como las hojas al menor soplo de peligro? El tener al mundo en sus corazones en vez de tener al SEÑOR en sus almas.  -A.Leighton

Nos leemos el próximo domingo si Dios nos presta vida.
¡Bendiciones abundantes!

Con amor Pastora Lupita Ruiz Sibaja.
Iglesia Tabernáculo de Dios.

En estos tiempos difíciles donde debemos congregarnos personalmente con todas las medidas sanitarias adecuadas, te invito a que nos acompañes en 2° Callejón de la báscula No. 10, colonia Esfuerzo de los Hermanos del Trabajo todos los domingos a las 11 am.

Busca a Dios con humildad de corazón.
Dios está donde su nombre es invocado.
Página de Facebook: Lupita Sibaja.
Consejería al Cel. 921-239-11-22.
Bendiciones abundantes.

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