Luis Velázquez

Hermanos longevos

•Los 4, lúcidos
•Secretos de la vejez

UNO. Hermanos longevos

Son 4 hermanos longevos. Uno tiene 92 años. El otro, 91. La otra, 89. La otra, 88 años. Los cuatro, lúcidos y alegres, sin perder la dicha.

El padre murió de 103 años. Y la madre de 102 años. Y si hacemos caso al geriatra de que el término normal de vida es de acuerdo con la edad de los padres, entonces, todavía van para largo.

El más grande, todos los días se toma una copita de licor que aplica desde cuando tenía treinta años. Así, dice, bromista, se mantiene.

El otro, suele contar chistes colorados con una memoria prodigiosa. La hermana de 88 años está en el cuarto matrimonio, porque, dice, “la clave de la salud es tener hombre en casa”. Y la menor, de 88 años, trabaja de asistente doméstica y da “veinte y las malas” a la chica más pintada.

DOS. Estragos del Alzheimer

El par de hermanos están jubilados. Fueron burócratas al servicio de Telégrafos de México. Trabajaron en ciudades y pueblos. Y sus virtudes y cualidades, como la memoria, por ejemplo, solo pueden explicarse a partir de la longevidad de los padres.

Dicen, por ejemplo, que una persona conserva la memoria cuando en su vida trabaja con la memoria. Por ejemplo, un profesor, un escritor, un intelectual, un reportero.

Pero quizá se trate de casos excepcionales, porque, y por ejemplo, un día el Alzhemeir le cayó a Gabriel García Márquez y advertido a tiempo dijo a un amigo que dejaría de escribir porque estaba olvidando las cosas.

TRES. Recuerda el día cuando la bautizaron

El cuarteto de hermanos tiene memoria insólita. Hay veces cuando juegan a recordar el pasado para ver quiénes tienen frescos los hechos. Y en aquellas competencias salen chispas.

La hermana de 89 años ha ganado a los demás. En un duelo contó con precisión el día cuando fue bautizada a los 6 meses de nacida.

CUATRO. Jubilado, con una funeraria

El mayor es un hombre de costumbres y hábitos. Todos los días, suele hacer las mismas cosas del día anterior y a la misma hora. Y nunca se pasa ni por unos minutos.

Además de su trabajo como telegrafista pensó en su futuro y puso una funeraria en el pueblo. La tiene desde cuando tenía treinta años.

Desde hace ratito se actualizó y también presta el servicio de cremación. Y ahora, con el coronavirus le está yendo muy bien y él mismo atiende el changarro.

CINCO. La alegría de vivir

Los cuatro tienen un gusto enorme por vivir. Cada cumpleaños organizan comelitona y bailongo con los suyos. Cada día festivo, también. Cada fin de año, ni se diga.

Incluso, las noches del 24 y 31 de diciembre, cierran la calle donde viven, invitan a los vecinos al bailongo hacia medianoche y amanecen bailando.

Se siente herederos o seguidores de Pancho Villa, quien amanecía bailando sin probar gotita de licor y luego organizaba una fiesta de toros donde él mismo toreaba.

SEIS. Vivir sus vidas

En el pueblo todos los quieren y respetan y nunca han lastimado ni agraviado a los demás.

Viven sus vidas y dejan vivir sin andar en el chismerío. Tampoco en líos de faldas metidos los hombres, y en caso de serlo, fueron discretos.

El hermano de 91 años es carpintero y ahora solo hace muñequitos de juguetes para venderlos. Un comerciante del mercado se los compra.

Insólito, vive solo, porque su par de esposas fallecieron y los hijos se fueron y aun cuando están pendientes están lejos.

Escenarios
Luis Velázquez

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