Luis Velázquez

El profe depredador/Seducía alumnas/Huyó del pueblo

UNO. El profe depredador

Le apodaban “El cebollín” y era profesor de escuela primaria en el pueblo. Chaparrito, apenas la estatura entre un adolescente y un joven, cara afilada con nariz de águila, pelo rubio hasta el bigote tupido y extenso, maestro del quinto año, tenía gravísimo talón de Aquiles. Era un depredador sexual.

Había llegado al pueblo solo, ni siquiera, vaya, con una mascota. Alquiló una casita modesta y vivía solo. Una señora le hacía la limpieza de la casa, guisaba, lavaba la ropa y se iba.

DOS. Estrategia para toquetear

En las tardes, solía citar a las alumnas, digamos, con problemas de entendimiento y conocimiento de alguna materia. Y las citaba solas. De 5 a 6 de la tarde. Una por tarde.

Su estrategia lujurienta era así:

Un ratito para explicar la clase y hacerla comprensiva. Otro ratito para platicar en que invitaba un chocolate, una malteada, a la adolescente. Otro ratito para decirles que como pronto cumplirían quince años, deseaba enseñarles a bailar.
Y a bailar, pues, en que poco a poco las iba toqueteando.

TRES. Harem particular

Siempre les pedía que nunca comentaran de sus tardes con el maestro ni a las compañeras del salón ni a sus padres.

“Es un secreto entre tú y yo” les decía con su risita de “Cebollín”, el pelo ensortijado, los ojos chiquitos.

De hecho y derecho, era su harem particular. Integrado con chicas asomándose a la vida y que en el pueblo, claro, nada sabían, a las once, doce años de edad, de las pasiones desenfrenadas.

Con todos era amable. Amable con los colegas profesores. Más amable con los padres de familia, a quienes engatusaba, quizá, como parte de la estrategia truculenta.

Más, considerando que en los pueblos chicos, el sacerdote y el profesor suelen competir por adueñarse de las conciencias.

CUATRO. Alumna embarazada

Con algunas chicas habría llegado a la intimidad sexual. Y como es lógico, las embarazó.

En el trascendido se afirmaba que tenía comadrona clandestina a su disposición. Pero…

Pero una chica se sublevó. En todo caso, las circunstancias la rebasaron y terminó confesando todo a su señora madre. Y la madre al padre. Y los padres a la dirección de la escuela.

Y el escándalo.

CINCO. Huyó una madrugada

Por aquellos días, hacia mitad de semana, el profesor “Cebollín” desapareció de la escuela. Desapareció de la casa que rentaba. Desapareció del pueblo.

Habría huido una madrugada llevándose su ropa, pero dejando la cama, los muebles de la sala, la estufa, el refrigerador, la tele, la radio, el tocadiscos donde solía escuchar con las alumnas la pieza musical para bailar.

Simple y llanamente se fugó del pueblo antes de terminar en la cárcel.

La dirección de la escuela y los padres rascaron información en la delegación de la secretaría de Educación, y nada.

Tampoco en la SEV en Xalapa.

SEIS. La letra con sexo entra

La chica aquella embarazada se fue del pueblo con sus padres. Nunca volvió a saberse de ellos y los familiares se pusieron un zíper.

El resto de niñas engatusadas quedó en la discreción. Un capítulo negro, sórdido, sombrío, en la escuela primaria del pueblo

Unos maestros se pitorreaban a espaldas, claro, de los alumnos y los padres. “La letra, decían, con sangre entra, pero también con sexo”.

Muchos años después la historia, nunca aclarada, fue olvidada. Quedó en la impunidad. Y de por medio, el juramento de la SEV de aquel entonces de que jamás la historia sería repetida en alguna escuela primaria del estado de Veracruz, ajá.

Luis Velázquez/Escenarios

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