Gabriel Alberto Ramírez Nazariego

Divorcio en tiempos de Covid ¿Todo bien en casa?

SEGUNDA PARTE

En el artículo anterior hablamos que en China las separaciones de parejas aumentaron en marzo, cuando los esposos y las esposas comenzaron a emerger de semanas de cuarentenas obligatorias para detener la propagación del coronavirus.

Feng Yuan, cofundadora de Equality, una organización no gubernamental en Beijing enfocada en la violencia de género, asegura que ha habido un aumento en las solicitudes de ayuda de su organización. “La cuarentena pone de manifiesto tendencias latentes de violencia que existían antes pero que no salían a la luz”, escribió en un correo electrónico. “El encierro también dificulta la búsqueda de ayuda”.

La Policía estaba tan ocupada haciendo cumplir las cuarentenas que a veces no podían responder a las llamadas de emergencia de las víctimas de violencia, las mujeres que sufrían no podían huir de sus casas y los tribunales que normalmente emiten órdenes de protección fueron cerrados, dice.

Incluso mientras la epidemia disminuye y la vida vuelve a la normalidad relativa al menos en china, se espera que las tensiones psicológicas y económicas perduren por meses. Un estudio de personas en Hong Kong a raíz de la epidemia de SARS 2002-03 encontró que “un año después del brote, los sobrevivientes de la enfermedad todavía tenían niveles elevados de estrés y niveles preocupantes de angustia psicológica”, incluyendo depresión y ansiedad.

El divorcio en la población general de Hong Kong en 2004 fue 21 por ciento más alto que en 2002. El SARS infectó a casi mil 800 personas en esa ciudad y mató a 299 después de haberse originado en la frontera con China, que reportó un total de más de 5 mil 300 casos y 336 muertes. Esas cifras palidecen ante los casos actuales de COVID-19 en ese país.

En China, casi siempre es la mujer la que inicia el proceso de divorcio: 74 por ciento del tiempo en el periodo 2016-2017, según el presidente del Tribunal Supremo del Pueblo, Zhou Qiang. Pero las mujeres también están más a menudo en el extremo corto de las finanzas matrimoniales. Entre los chinos urbanos, es habitual que los hombres jóvenes solteros compren una casa, a menudo con la ayuda de sus padres, para demostrarles a sus futuras parejas que tienen seguridad financiera. En un divorcio, el esposo conserva el derecho a sus bienes prematrimoniales, a veces incluso cuando la esposa ha ayudado a pagar la hipoteca. Afortunadamente para Wu, sus padres pagaron por la casa de ambos, así como por un automóvil, lo que significa que no está en peligro de quedarse en la calle.

Cuando se reúna a finales de este año, el Congreso Nacional del Pueblo de China considerará una propuesta para un periodo de reflexión de 30 días para las parejas que solicitan el divorcio, durante el cual cualquiera de las partes puede retirar la solicitud, según el Global Times, un diario del Estado.

Actualmente, el juez que escucha la petición de divorcio generalmente requiere una razón seria, como el adulterio o el abandono, para otorgarla y puede negar el pedido a las parejas consideradas jóvenes y demasiado imprudentes, explica Li, el abogado de Shanghái. Pero si las parejas vuelven a presentar su petición después de un lapso de seis meses, el juez generalmente considerará que las diferencias son irreconciliables, añade.

Los jóvenes tienen más probabilidad de divorciarse que sus padres, muchos de los cuales todavía ven un estigma asociado. “Ahora, una persona simplemente dice: ‘ya no me gustas’ y solicita el divorcio al día siguiente”, dice Li. Yang Shenli, abogado del bufete Dingda en Shanghái, señala que sus cuatro casos de divorcio son de parejas nacidas después de 1985, dos de los cuales decidieron divorciarse porque “la cuarentena intensificó sus diferencias”.

Sin embargo, algunas parejas afortunadas han redescubierto la felicidad conyugal gracias a la pandemia de coronavirus. “El distanciamiento social y la cuarentena doméstica me ha recordado cuánto amo a la persona con la que me casé”, dice Rachel Smith, quien es una artista canadiense que radica en Hong Kong y conoció a su esposo en un viaje que realizó a la ciudad hace 21 años.

Con el tiempo, la pareja se había ocupado de seguir sus carreras profesionales y actividades por separado, dejándoles muy poco tiempo libre para disfrutar juntos. Ahora, mientras trabajan en las computadoras de sus hogares, regularmente toman descansos para conversar y comunicarse.

“Resulta que realmente me gusta pasar tiempo juntos”, dice Rachel. “Fue una agradable sorpresa”.

CONTINUARÁ…

Fuentehttps://www.opendemocracy.net
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Gabriel Alberto Ramírez Nazariego

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