Gabriel García-Márquez

CAVAN SU PROPIA TUMBA

El Partido Revolucionario Institucional (PRI), una vez considerado el pilar de la política mexicana, parece haber tomado un paso más hacia su decadencia con la reciente modificación de sus estatutos. Bajo la presidencia de Alejandro Moreno, conocido como Alito, el PRI ha decidido perpetuar su liderazgo al permitir que su presidente se reelija indefinidamente y posiblemente aspire a la presidencia de la República.
Esta maniobra, lejos de fortalecer al partido tricolor, podría ser interpretada como el último clavo en su ataúd. Históricamente, el PRI ha enfrentado críticas por prácticas de cacicazgo y falta de renovación.

La decisión de Alejandro Moreno de consolidar su poder interno no solo contraviene principios democráticos básicos, sino que también refleja una falta de visión estratégica para revitalizar al partido en un contexto político cambiante.
En un momento en que los electores demandan transparencia, participación y renovación política, el PRI parece mirar hacia el pasado en lugar de hacia el futuro. La sociedad mexicana, cada vez más crítica y exigente, podría interpretar esta medida como un síntoma más de la desconexión entre el partido y las necesidades reales del país.
Además, la decisión de allanar el camino para que Alejandro Moreno se convierta en candidato presidencial por el PRI podría desencadenar divisiones internas y erosionar aún más la base electoral del partido. Los votantes podrían percibir esta movida como un intento desesperado por aferrarse al poder, en lugar de como un compromiso genuino con los intereses de la nación.

EL PAN CON MARKO CORTÉS

Lo mismo podría sucederle al Partido Acción Nacional (PAN) si su líder, Marko Cortés, continúa negándose a dejar la presidencia del partido. No sería sorprendente que Marko Cortés también aspire a la candidatura presidencial para el próximo periodo. De seguir esta tendencia, el PAN podría estar cavando su propia tumba. La falta de renovación y el empeño en mantener el control podrían tener consecuencias desastrosas para el partido, similar a las que enfrenta el PRI.
Es increíble que los partidos de oposición, en vez de hacer un ejercicio de autocrítica y de renovación, se aferren a continuar con las mismas prácticas. Con ello, le están facilitando a Morena el mantener el poder para los próximos periodos electorales, allanándole el camino al partido gobernante. Esta falta de visión y autocrítica no solo afecta su propia viabilidad como partidos, sino que también debilita la pluralidad democrática en México.
En conclusión, mientras el PRI y el PAN se aferran a estructuras obsoletas y prácticas de liderazgo poco democráticas, su futuro parece cada vez más incierto. Las decisiones de Alejandro Moreno y Marko Cortés de perpetuarse en el poder podrían ser vistas, no como un renacimiento, sino como el episodio final en la crónica de dos partidos políticos que alguna vez dominaron la escena nacional, pero que ahora luchan por mantener su relevancia en un panorama político en constante evolución.

Se les olvida que en esta debacle política que sufrieron en la pasada elección, lo más sano sería renovarse o morir.

 

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