Adán era músico y ahora vende volovanes de cocodrilo en Veracruz

La pandemia y la falta de oportunidades de trabajo en su oficio original -músico de conservatorio-, llevó a Adán Ayup Pérez a reinventarse e iniciar un nuevo proyecto para llevar el sustento a su hogar.

Avecindado en Veracruz tras su llegada de Torreón -hace apenas unos años-, el nicho de venta de volovanes era muy viable, aunque sabía lo complicado de competir con pequeños empresarios de al menos 20 años de experiencia.

Primero, decidió salirse de la zona conurbada, pues reconoció que en Veracruz y Boca del Río, hay hasta dos volovaneros por esquina; posteriormente, innovó con el producto y creó el volován de barbacoa de cocodrilo, siendo éste, uno de sus mayores éxitos.

«Hay muchos espacios cerrados, yo soy músico, y durante la pandemia se cierra todo, y más si eres un músico clásico. Entonces, sí eres un músico clásico, la música de Bach, no te da”, comenta y ríe.

«A raíz de eso, consideré que el volován podría ser una opción, siempre y cuando hubiera una diferencia que me desmarcara, aquí en Veracruz yo creo que hay unos tres o cuatro volovaneros que hacen, no solo un buen volován sino con mucho sabor. Lo hacen muy diferente y muy variado, ellos me dieron una pauta y yo traté de hacer mi propio camino», apuntó.

Otro de sus productos son el volován haitiano (chuleta, queso manchego y arándanos), el volován dominicano (salchicha asada, queso manchego, almendras y salsa de chimichurri), entre otros.

Adán reconoció que sus costos no son del promedio de un volován, y dijo que el costo del kilogramo de cocodrilo oscila entre los 400 y 450 pesos; sus clientes no objetan el precio, pues el hecho de que estén horneados en leña, les da un sabor especial que deleita tu paladar.

A las seis de la mañana Adán comienza junto con su familia la jornada laboral, antes de las ocho inicia su recorrido en autobús, con rumbo a la gasolinera que se encuentra pasando la caseta de La Antigua, lugar donde se ha ganado un nombre, clientes y la amistad de los comerciantes de la zona.

Diariamente lleva en su canasta 60 volovanes de diversos sabores, siendo el lunes el día más complicado de venta.

«Necesito buscar un espacio donde me pueda desarrollar, porque vendo 50 o 60, no está mal, pero a mí me gustaría vender 150. Da para vivir, modestamente, pero para poder realmente pasarla bien, necesitaría vender 150, más o menos», subrayó.

El sueño de Adán es lograr junto con su familia, hacer crecer su microempresa, la cual les permita mejorar su calidad de vida.

AGENCIAS NACIONAL

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