Liberal del Sur

35°

 



Sensación térmica de 42 grados

Jueves 09 de Septiembre 2010
La sombra de la democracia
Andrés Rosaldo García
Hace ya varios siglos que el gran Platón a manera de fábula explicativa, imaginara al hombre en su mito de la caverna, “imagínate una caverna […] y figúrate unos hombres que están allí desde su niñez, atados de pies y cuello, que sólo pueden permanecer en una posición, imposibilitados a volver la vista hacia atrás”.
En dicha caverna les proyectaban sombras, que generaban imágenes que aquellos pobres hombres pensaban que eran la única realidad, por ser la única que habían conocido, es decir, vivían engañados, sin saber que si alzaban su mirada encontrarían la luz de la verdad.
El gran filósofo hacía referencia a la idiotización del pueblo en manos de un grupo de poder que no quería mostrarles cuál era la verdadera naturaleza de sus pesadumbres, el hombre contemporáneo parece encadenado por las prescripciones, las leyes, las normas, las pantallas, los preceptos que lo obligan a ver sólo lo que está pactado y decidido por las altas esferas del poder.
Hay muchas sombras, excelentes expresiones del mundo de mentiras, todas falsas, algunos ejemplos podrían ser la globalización, educación, éxito, los “media” y el más importante de todos y el tema central del presente artículo: la sombra de la democracia.
Esta sombra se compone por una masa infinita de cabezas humanas, de manejo flexible y dócil, con espontáneos grupos que se oponen, pero que son de fácil absorción e inclusión.
Dicha sombra se legitima con el voto de las mayorías, sin importar si dicho voto sea el de los miserables que buscan calmar la sed de sus vicios a través del poder. No importa si el voto proviene de ignorantes que eligen un color favorito o un fetiche, y no a un gobernante.
Poco importa que en el mercado de los votos existan los precios más variados, que van desde una playera, un saco de cemento, hasta la promesa vil de trabajos, concesiones, terrenos y la legalización de las tierras ya invadidas.
Tampoco importa el precio del voto de los mejor acomodados, comprado con la promesa del cargo público, del apoyo oficial, de compartir el reparto del poder.
En esta sombra poco existe de la idea de autogobierno, de autoinstituciones, nada de ciudadanos libres, críticos y conscientes que se reúnen para discutir problemas, leyes y proyectos. Ninguna pasión por la igualdad, por la participación, por la responsabilidad, ningún rasgo fugaz del lema: “El poder somos todos”, en síntesis, ningún rasgo de democracia en la sombra de la democracia.
La luz que desaparezca dicha sombra procederá de hombres libres, de una educación entendida como un proceso de planificación del hombre y su espíritu, la justicia como medida y equilibrio, es decir, el tránsito de la caverna hasta el sol, de las sombras a la luz, de la falsedad a la verdad, sin duda un camino que precisa de valentía, estoicismo y heroísmo.
Un camino largo y enredoso, pero la diferencia es todo a nada.
Que este artículo sirva para despertar conciencias, inquietar mentes, y preguntarnos si queremos seguir viendo las sombras manipuladas desde los altos círculos del poder formal e informal, o iniciamos un camino hacia la luz. Esta es la misión sagrada de la educación: liberar al hombre de todas las sombras sobre él.
Un agradecimiento profundo a mi maestro Carlos de la Isla por inspirar con sus textos, palabras y ejemplo la presente denuncia de una verdad que se aparece como irrefutable. Mi más sincero reconocimiento a los hombres que como él han dedicado su vida a mejorar el ser de las personas.
De política y cosas peores
CATÓN
Un señor de edad madura llegó al mejor hotel de la ciudad con una bella mujer bastante más joven que él. Le dice al encargado: "Quiero una habitación para mi esposa y para mí". "Cómo no, caballero -responde el empleado-. Pero debo informarle que por ahora sólo tenemos habitaciones con camas gemelas. No hay ninguna disponible con cama matrimonial". Se vuelve el hombre hacia su linda acompañante y le dice con untuosa sonrisa familiar: "¿No te importa eso, mi vida?". Responde la muchacha: "Claro que no, señor"... Es muy difícil, creo, imposible casi, que los partidos llamados de la izquierda lleguen unidos a la elección presidencial. Ni López Obrador ni Ebrard aceptarán renunciar a la candidatura, pues cada uno de ellos piensa que la merece más que el otro, y que tiene mayores oportunidades de ganar. Tampoco aceptarían ambos la llegada de un tercero en discordia que unificase a las dos corrientes en aras de presentar un frente único y fuerte. Así las cosas, las posibilidades del PRI crecen. Muchos observadores hay que dan ya por seguro el regreso del ancien régime. Pero también el PRI se puede dividir en el proceso de selección del candidato, pues Enrique Peña Nieto no está solo en la aspiración presidencial. Eso haría crecer las posibilidades del PAN, si no fuera por la sencilla circunstancia de que el PAN no tiene ninguna posibilidad. Las dos administraciones que ha presentado después de sacar de la silla a los priistas, desastrada una, infortunada la otra, le quitan todo atractivo ante los electores, y hacen que éstos le den la espalda ya. Seguiremos naufragando pues -para decirlo con expresión inédita-, en un mar de dudas, y la división y el partidarismo seguirán siendo el signo principal de la vida política de México. En tiempos de la invasión americana un comerciante de cierto pueblo del norte mexicano medró vendiendo al enemigo animales y vituallas. Alguien le preguntó, indignado: "¿Y el patriotismo?". Respondió el mercader con desconcierto: "Pos viera que a ése no lo vide". Tampoco lo ven nuestros políticos, ocupados más en sus pugnas de politiquería que en procurar el bien de la Nación. (¡Bófonos! Si con esta última frase no se enmiendan, ya con nada se habrán de corregir)... Un cura católico, un pastor protestante y un rabino judío sostuvieron los tres en una conferencia la fuerza de convicción de sus respectivas creencias. Un estudiante se levantó y les dijo: "Convencer a cualquier persona es fácil; pero a los tres los reto a que traten de convertir a un oso". Tanto el rabino como el pastor y el cura aceptaron el desafío, y al día siguiente los tres se internaron en el bosque para buscar un oso y convertirlo a su respectiva fe. A los tres días apareció el cura católico. Venía exultante, jubiloso. Le dijo a la gente que aguardaba: "Encontré a un feroz plantígrado, y vino a mí furioso, bramando y mostrándome garras y colmillos. Invoqué el sagrado nombre de María, y el oso cayó de rodillas a mis pies con actitud contrita. Luego rezamos juntos un rosario". Al día siguiente regresó el ministro protestante. "Vi a un oso -relató-, y empecé a recitarle versículos de la Biblia. No los oyó la bestia: me atacó. Luché con el oso a brazo partido, como Jacob con el ángel. En ese buen combate caímos a las aguas de un río. Sumergí entonces al animal, y así lo bauticé. Renació el oso en Cristo, y el resto de la tarde la pasamos cantando himnos de alabanza". Un día después volvió el rabino. Venía sangrante, herido, lacerado, con seis costillas rotas y las ropas todas desgarradas. "¡Oy vay iz mir! -exclama con lamentoso acento-. ¡Ay de mí! ¡Creo que cometí un error cuando empecé por circuncidar al oso!"... FIN.

MIRADOR.

Por Armando FUENTES AGUIRRE.

Historias del señor Pérez y de su
trágica lucha contra La Burocracia.
El funcionario del Estado le preguntó al señor Pérez:
-¿A dónde vas?
-A mi trabajo -respondió, temeroso, el señor Pérez.
-No andes en la calle -le dijo El funcionario-. Es peligroso. Tampoco viajes por carretera. Ninguna es segura ya.
-¿Qué debo hacer? -se angustió el señor Pérez-. ¿Quedarme encerrado en mi casa?
-De nada servirá eso -contestó el funcionario-. Incluso ahí te alcanzará el peligro.
-¿Qué puedo hacer, entonces? -gimió desolado el señor Pérez.
-Nada -replicó el funcionario-. Ahora lo único seguro es la inseguridad.

¡Hasta mañana!...

Atando cabos
Denise Maerker
El lunes, en este espacio (ver Mátenlos en caliente), decíamos que a raíz de actos innombrables cometidos por delincuentes, como la matanza de los 72 inmigrantes, cada vez más voces defienden que la policía federal y las fuerzas armadas no se detengan en “sutilezas jurídicas” —como ponía un lector— al hacerles frente. Justo a unas horas, miembros del Ejército habían matado por error a un padre y un hijo en una carretera en Nuevo León. El hecho viene a recordarnos que el mal uso de la fuerza pública o el exceso de ella trae trágicas consecuencias. Y eso también asusta.
Entonces, queremos que acaben con los criminales, en caliente si es necesario, pero si se les pasa la mano o se equivocan, eso sí, que no nos toque a nosotros engrosar la lista de los “daños colaterales”. El miedo a los criminales y la desconfianza justificada frente a las instituciones de procuración de justicia no nos puede llevar a olvidar que si le damos a alguien, a quién sea, la posibilidad de usar la fuerza absoluta a discreción, sin reglas ni consecuencias, nos exponemos a ser las próximas víctimas.
El lunes entrevisté al presidente y aproveché para preguntarle al respecto. Respondió: “El Estado debe ser superior moralmente, y la superioridad la va a definir… una política de legalidad y una política de derechos humanos. Sé que es difícil, no todas las circunstancias son igualmente manejables, esa es la verdad (…) El punto general es: tenemos que mantener la superioridad moral, y eso sólo lo vamos a hacer en la medida en que empujemos, precisamente, nuestras prácticas al respeto de los derechos humanos y de los oponentes”.
Y contó lo siguiente: “En Guerrero, un criminal por represalia de que le había capturado el Ejército a equis servidor de él, en una noche de exceso, no sé si de drogas o de alcohol, lo que sea, mandó ejecutar a 10 militares con la consigna de que cada sicario que le agarrara el Ejército, él iba a matar 10 militares. Y, efectivamente, su gente fue esa noche y agarraron a una cocinera, a un afanador, o sea, miembros del Ejército… en un acto totalmente cobarde los asesinaron y los decapitaron. Tiempo después, el Ejército logra capturar a este tipo, y va y lo presenta al Ministerio Público. Yo sé lo que significa para esos soldados que convivían con aquellas personas, que fueron víctimas de esa cobardía, entregar sano y salvo, como lo hicieron, a un criminal de esta calaña. Pero esa es la única manera como podremos mantener la superioridad moral sobre estos tipos”.
No podría estar más de acuerdo. Y qué bueno que así piense el presidente, de lo contrario terminaríamos pareciéndonos peligrosamente a ellos.